"Unidos en Cristo para Evangelizar"
05 de Abril de 2017
Recuerdos de San Juan Pablo II, a 30 años de su visita a Chile.
 





El Padre Roberto nos comparte algunas experiencias de su encuentro con el Santo Padre

Recordados amigos,

En estos días recordamos la presencia de San Juan Pablo II, hace 30 años en Chile. Para mí ese recuerdo se hace casi siempre muy vivo ya que estuve esos días muy cerca de él. 

Dos años antes, en mayo de 1985, tuve la suerte de visitarlo en su biblioteca privada. Ahí le dije que en Chile esperábamos con ansias su visita. Me dijo, “pronto estaré allí”.

Así fue que en abril del 1987 llegó a nuestra patria. En aquel entonces yo era el Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias. La sede de esta institución está en la casa vecina a la Nunciatura. Muchos fueron los momentos que me relacionaron con tan magna visita. Nuestra casa fue visitada innumerables veces por carabineros, policía de investigaciones, guardia papal,etc. También en la sede de las OMP se guardaron los regalos que recibió.  Por seguridad se cerró la calle y teníamos que transitar con identificación por ella.

Algo que no se puede borrar de mi memoria es que el Papa nos visitó en persona. Siempre digo: el Papa estuvo en mi casa.

El día en que fue la beatificación de Sor Teresita de los Andes, después de dicha ceremonia, el Papa llegó a nuestra casa cansado y por qué no decirlo, abatido. Había visto con sus propios ojos cómo un grupo de extremistas quiso demostrar cuán lejos estaban de Dios.

Nuestra sede era lugar para que el Papa se encontrara con los residentes polacos en Chile. Así que en el jardín se había preparado su recibimiento. La colonia polaca le tenía preparada una hermosa recepción con cantos, oraciones y con un pequeño concierto en violín que un virtuoso polaco le brindaría.

El Papa estaba cansadísimo. Lo recuerdo durante esa pequeña ceremonia, su cara descansaba en  la mano y brazo que apoyaba al brazo en el sillón.  Los polacos se sintieron tristes porque el Papa no estuvo a la altura de sus expectativas.

Terminada esa ceremonia lo conduje a la casa. Antes de subir al segundo piso le presenté al personal que trabajaba conmigo en las OMP y luego le mostré fotos de los misioneros chilenos en países de misión. Desde allí les envió una bendición especial a cada uno. Luego, dándole la mano le ayudé a subir la escalera, Le dije que arriba teníamos un oratorio. “Oh, la oración”, fue lo que me dijo y entendí que aceptaba la invitación. Estuvo unos cinco minutos mirando el sagrario, compenetrado, en absoluto silencio, en un momento cubrió su cara con ambas manos y luego, se levantó con una energía, vitalidad y con un rostro lleno de alegría y me dijo: “Vamos”.  Durante ese tiempo yo no recé absolutamente nada. Lo único que hice fue contemplarlo. Vi rezar a un santo.

Le dije que a continuación tendría un encuentro con tres grupos: los sindicalistas, los empresarios y los políticos. Estaban reunidos esperándolo en tres alas diferentes de ese segundo piso. Con un ánimo nuevo, lleno de energía caminó y escuchó lo que cada uno de ellos le dijeron y les dio palabras de ánimo y sobretodo que construyeran la paz.

Singular fue que a la salida de la reunión con los políticos y en el espacio entre el salón y la escalera uno de ellos, comunista, le pidió bendijera en rosario para su mamá. Él sabía quién era el que se lo pedía puesto que al inicio todos se habían presentado. Recuerdo la sonrisa del Papa y la bondad con que lo hizo.

Treinta años después. ¿Podré olvidar esa maravillosa experiencia, vivencia? Imborrable.

Y para terminar recuerdo que en mayo de ese mismo año lo visité en el Vaticano. Cuando me acercaba para saludarlo, estaría a unos diez metros de distancia, mirándome, con fuerte voz dice: “Eh, ¡Chile!”. Por supuesto que se me olvidó todo lo que quería decirle.

Durante mi gestión como director de las OMP estuve con él una o dos veces por año. Y cuando fue beatificado y luego canonizado, no pude dejar de asistir a tan grandes momentos.

Un saludo a todos y no dejemos de pedirle al Señor, por la intercesión del Papa San Juan Pablo II que nos ayude en todas nuestras necesidades.

Roberto Espejo Fuenzalida. Párroco

       






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