"Unidos en Cristo para Evangelizar"

Vivamos y practiquemos la Solidaridad
 





Agosto 2017

Apreciados amigos,
 

Desde hace unos años atrás el mes de Agosto nos lleva a mirar, meditar en la Solidaridad. Quiero compartir con ustedes algunos pensamientos sobre esta gran virtud basados en la Doctrina Social de la Iglesia.

Un artículo de Gerardo Donoso Contreras en el que reflexiona sobre la solidaridad distinguiendo de la filantropía y las acciones nobles por los otros, puede ayudarnos en esta reflexión. Aquí algunos pensamientos de este autor: 
“En un continente como el latinoamericano, en el que se vive bajo la amenaza permanente de crisis política, crisis económica y/o crisis social, urge que los bautizados en Cristo seamos luz en medio de tanta incertidumbre y oscuridad.

Urge que los católicos seamos lo suficientemente lúcidos para saber separar la paja del trigo iluminados por la fe y el evangelio de Jesucristo.

En nuestros países constantemente se debe apelar a la solidaridad para enfrentar o resolver casos o situaciones puntuales de dolor, enfermedad, miseria o abandono.

A los jóvenes se les invita reiteradamente a acciones solidarias, y ellos reaccionan y cumplen. Los jóvenes de todas las épocas siempre han sido un motor ágil frente al dolor y las injusticias. Bien por los jóvenes de ayer y los de hoy.
Pocos, muy pocos conocen o saben qué es la Solidaridad desde la óptica del Magisterio de la Iglesia y se tiende a confundirla con la filantropía.

Cualquiera puede hacer filantropía, cualquiera puede dar un trozo de pan o una moneda, pero Solidaridad para el cristiano es mucho más que un trozo de pan, una moneda o una prenda de vestir usada que se entrega al mendigo.
La filantropía es y puede ser acciones aisladas, es por eso que muchas veces los jóvenes lentamente van abandonando esas acciones solidarias porque no logran conectarlas con su mundo interior ni con lo que tienen de fe.

Trabajos de verano, campañas de invierno van quedando a la larga en el anecdotario personal de una juventud añorada, pero sin un impacto en la vida adulta ni en su estilo de vida.

La razón de lo anterior es la fallida interpretación de solidaridad entregada muchas veces en sus hogares o por sus educadores.

Llegamos finalmente a ver a hombres y mujeres adultos que continúan practicando esa solidaridad (filantropía) de sus años juveniles, ahora con un aporte económico mensual a una determinada obra benéfica o repartiendo limosnas por la ciudad, creyendo a pie juntillas que son solidarios, pero sólo son mantenedores y sostenedores de la miseria.

Revisemos superficialmente qué se señala en el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, publicado el año 2004.  (Sólo algunos párrafos)

La solidaridad confiere particular relieve a la intrínseca sociabilidad de la persona humana, a la igualdad de todos en dignidad y derechos, al camino común de los hombres y de los pueblos hacia una mirada cada vez más convencida. Nunca como hoy ha existido una conciencia tan difundida del vínculo de interdependencia entre los hombres y los pueblos, que se manifiesta a todos los niveles. La vertiginosa multiplicación de las vías y de los medios de comunicación “en tiempo real”, como las telecomunicaciones, los extraordinarios progresos de la informática, ... y los pueblos debe estar acompañado por un crecimiento en el plano ético-social igualmente intenso, para así evitar las nefastas consecuencias de una situación de injusticia de dimensiones planetarias, con repercusiones negativas incluso en los mismos países actualmente más favorecidos. (*)

La solidaridad debe captarse, ante todo, en su valor de principio social ordenador de las instituciones, según el cual las “estructuras de pecado”, que dominan las relaciones entre las personas y los pueblos, deben ser superadas y transformadas en estructuras de solidaridad, mediante la creación o la oportuna modificación de leyes, reglas de mercado, ordenamientos. (*)

La solidaridad es también una verdadera y propia virtud moral, no un “sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos”. (*)  (Todas las menciones hacen referencia (*) a la Carta Encíclica Sollicitudo Rei Socialis del Papa San Juan Pablo II, y es claro, la solidaridad no es un sentimiento superficial y con una correcta interpretación de la solidaridad se puede mejorar el ordenamiento social o mejoramiento de estructuras de pecado, de pecado social).

Entonces, no basta con las acciones solidarias a modo de flor de un día y que luego desaparecen. No bastan las curaciones a la dermis de la herida que muchas veces ocultan y/o disimulan la infección que va por dentro.

Son necesarias acciones y planes a la médula del problema social que afectan a nuestro continente, y si es necesaria la denuncia, la denuncia entonces debería ser el aporte del cristiano latinoamericano.

OjalÁ los jóvenes de hoy encuentren a tiempo el verdadero significado de Solidaridad y logren integrarlo a su incipiente vida espiritual y a su corazón.

Y los adultos aún estamos a tiempo de tener corazones sin miedo y sin fronteras,  con corazones solidarios… pero de verdad.

La Solidaridad es uno de los valores humanos más importantes y esenciales de todos. La solidaridad es lo que hace una persona cuando otro necesita de su ayuda. La solidaridad es la colaboración que alguien puede brindar para se pueda terminar una tarea en especial. Es ese sentimiento que se siente y da ganas de ayudar a los demás sin intención de recibir algo a cambio.

La solidaridad es común verla en tiempo de crisis en países que atraviesan por guerras, hambrunas, toques de queda, desastres naturales y otras condiciones extremas. Los países hermanos y de todos lados del mundo se avocan en una sola causa, en defender, ayudar o brindar toda clase de apoyo (médico, alimentario etc.) La solidaridad no es obligatoria, pero resulta un compromiso moral que debe haber entre los que pueden ser capaces de ayudar a alguien en situación de riesgo o necesidad extrema.

La solidaridad es una condición del ser humano que complementa las actitudes sociales de un individuo, de forma pues que cuando una persona es solidaria con los demás, mantiene una naturaleza social en el entorno en el que se desarrolla personalmente. La solidaridad conduce al desarrollo sustentable de los pueblos, por eso, es fundamental que sea empleada en pro de los beneficios que puede ofrecer a una determinada causa. Será importante aplicar cuando alguno de nuestros seres queridos, ya sean amigos o familiares, tengan algún problema en el que nuestra ayuda o compañía sean un aporte para mejorar en cierto modo la situación.

La solidaridad es tan importante que representa la base de muchos valores humanos más, como por ejemplo la amistad, el compañerismo, la lealtad, el honor; la solidaridad nos permite como personas sentirnos unidos y por consiguiente unidos sentimentalmente a esas personas a las que se les brinda  apoyo”.

Agrego aquí algunos párrafos de lo que el Catecismos de la Iglesia católica nos dice sobre Solidaridad:

343 El hombre es la cumbre de la obra de la creación. El relato inspirado lo expresa distinguiendo netamente la creación del hombre y la de las otras criaturas (cf Gn 1, 26).

344    Existe una solidaridad entre todas las criaturas por el hecho de que todas tienen el mismo Creador, y que todas están ordenadas a su gloria:

361    "Esta ley de solidaridad humana y de caridad, sin excluir la rica variedad de las personas, las culturas y los pueblos, nos asegura que todos los hombres son verdaderamente hermanos.

953    La comunión de la caridad: En la "comunión de los santos" "ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo" (Rm 14, 7). "Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, se alegran con él todos los miembros. Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y da uno en particular, miembros de ese cuerpo" (1 Co 12, 26-27). "La caridad no busca su interés" (1 Co 13, 5; cf. 10, 24). El menor de  nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, es en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos. Todo pecado daña a esta comunión.


EL BIEN COMÚN

1905 Conforme a la naturaleza social del hombre, el bien de cada uno está necesariamente relacionado con el bien común. Este sólo puede ser definido con referencia a la persona humana.  

1906  Por bien común, es preciso entender "el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección" (GS 26,1; cf GS 74,1). El bien común afecta a la vida de todos. Exige la prudencia por parte de cada uno, y más aún por la de aquellos que ejercen la autoridad. Comporta tres elementos esenciales:

1907  Supone, en primer lugar, el respeto a la persona  en cuanto tal. En nombre del bien común, las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. La sociedad debe permitir a cada uno de sus miembros realizar su vocación. En particular, el bien común reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocación humana: "derecho a...actuar de acuerdo con la recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad, también en materia religiosa" (GS 26,2).

1908  En segundo lugar, el bien común exige el bienestar social y el desarrollo del grupo mismo. El desarrollo es el resumen de todos los deberes sociales. Ciertamente corresponde a la autoridad decidir, en nombre del bien común, entre los diversos intereses particulares; pero debe facilitar a cada uno lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada,   derecho de fundar una familia, etc. (cf. GS 26,2).

1909  El bien común implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo. Supone, por tanto, que la autoridad asegure, por medios honestos, la seguridad  de la sociedad y la de sus miembros, y fundamente el derecho a la legítima defensa individual y colectiva.

1912  El bien común está siempre orientado hacia el progreso de las personas: "El orden social y su progreso deben subordinarse al bien de las personas...y no al contrario" (GS 26,3). Este orden tiene por base la verdad, se edifica en la justicia y es vivificado por el amor.

 

RESPONSABILIDAD Y PARTICIPACIÓN

1913  La participación es el compromiso voluntario y generoso de la persona en las tareas sociales. Es necesario que todos participen, cada uno según el lugar que ocupa y el papel que desempeña, en promover el bien común. Este deber es inherente a la dignidad de la persona humana.

En este mes de agosto y siempre,  estemos preocupados de nuestros hermanos más necesitados y vivamos y practiquemos la SOLIDARIDAD.
 

Un saludo y mi bendición para todos ustedes, su párroco,
Roberto Espejo Fuenzalida, Pbro






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