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Amigos y hermanos en el Señor,
Y llegó el día D. Como un abrir y cerrar de ojos, pasaron 20 años.
Un regalo maravilloso del Señor. A Él solo alabanzas y gratitud. Él permitió y quiso que en un día del mes de marzo de 2005 asumiera como párroco en esta gran parroquia Nuestra Señora de las Mercedes – Los Castaños. Llegué con un tanto de miedo y recelo y ahora parto con la alegría de la misión cumplida.
El Señor me muestra otros horizontes y me invita a un nuevo desafío. Llegué con 66 años y parto con 86. Gracias a todos ustedes por este maravilloso tiempo que compartimos. ¡Cuántas cosas hemos hecho juntos! Difícil enumerarlas todas.
Me voy contento y en paz. Hacer lo que el Señor pide es gratificante, por muy difícil que sea. Con toda sinceridad les digo que no me es fácil dejar esta parroquia que ha sido mi casa, mi desvelo, mi entusiasmo. Son los sentimientos, quizás agrandados, de un sacerdote enamorado de su comunidad que tiene que dejar. Recuerdo el dicho "donde está tu tesoro está tu corazón".
Gracias infinitas a todos los feligreses de Nuestra Señora de las Mercedes – Los Castaños, gracias a todos los integrantes de las distintas pastorales, gracias a los ministros extraordinarios de la Comunión, a las servidoras de enfermos, a los de la pastoral bautismal, catequesis de Primera Comunión, preparación de la Confirmación de jóvenes y adultos, a las áreas de Formación, Liturgia, a toda el área Social, a la comunidad de la capilla El Dorado. Gracias a los señores diáconos, secretarias, auxiliares y sacristanes, al señor administrador, al Consejo Parroquial, al Comité Ejecutivo, al Consejo Económico, a... ojalá no se me haya olvidado nada, ni nadie.
Por último, quiero al despedirme, pedir perdón. En estos 20 años seguramente he fallado en muchas cosas. Si no he tratado bien a alguien, perdón. Si no he hecho lo que tenía que hacer, perdón, Si no he estado donde debía atender a alguien, perdón. Por todo lo malo que hecho en estos 20 años, perdón.
Les pido de todo corazón que sigan adelante con el entusiasmo de siempre. Servir al Señor da siempre mucha alegría, que crece cuando también se sirve al hermano.
Reciban al padre Juan Debesa, su nuevo párroco, con mucho cariño y ayúdenlo porque para él este es un nuevo y gran desafío.
Chao. Será hasta... cuando Dios quiera. Los llevo en mi corazón. Rezaré por ustedes. Recen también por mí.
Un abrazo gigante de quien fuera vuestro párroco,
Roberto Espejo Fuenzalida, Pbro.