"Unidos en Cristo para Evangelizar"
05 de Abril de 2017
Santa Mónica, madre de San Agustín
 





Camino de santidad en familia

 “La Iglesia venera a santa Mónica, santa esposa y santa viuda, que no sólo dio la vida corporal al famosísimo doctor San Agustín, sino que fue el principal instrumento de que Dios se valió para darle la vida de la gracia. Mónica nació en África del Norte, probablemente en Tagaste, a cien kilómetros de Cartago, el año 332”.

Cuando llegó a la edad de contraer matrimonio, sus padres la casaron con un ciudadano de Tagaste, llamado Patricio. Era éste un pagano que no carecía de cualidades, pero era de temperamento muy violento y vida disoluta. Mónica tuvo que perdonarle muchas cosas, pero todo lo soportó con la paciencia de un carácter fuerte y bien disciplinado. Por su parte, Patricio, aunque criticaba la piedad de su esposa y su liberalidad para con los pobres, la respetó siempre mucho y, ni en sus peores explosiones de cólera, levantó la mano contra ella. A la larga, Mónica, con su ejemplo y oraciones, convirtió al cristianismo no sólo a su esposo, sino también a su suegra, mujer de carácter difícil, cuya presencia constante en el hogar de su hijo había dificultado aún más la vida de Mónica. Patricio murió santamente en 371, al año siguiente de su bautismo. Tres de sus hijos habían sobrevivido, dos hombres y una mujer. Las ambiciones de Patricio y Mónica se habían concentrado en el primogénito, Agustín, que era extraordinariamente inteligente, por lo que habían decidido darle la mejor educación posible. Pero el carácter caprichoso, egoísta e indolente del joven había hecho sufrir mucho a su madre”. (“El testigo fiel”[i])

Seguramente hemos escuchado sobre San Agustín y sus “Confesiones”. En ellas podrán encontrar consuelo las almas más rebeldes. A la luz de la vida de San Agustín, y su increíble conversión, se ve claramente cómo la gracia y la misericordia de Dios actúan sobre los pecadores. Pero nada de eso habría sido posible si la madre de San Agustín no hubiese llorado por él, no hubiese suplicado en la oración por la salvación de su alma. Es impresionante la insistencia y la perseverancia de Santa Mónica. Desde los 17 años San Agustín empezó a desviarse y a tener una vida desordenada, cada vez más lejos de las enseñanzas cristianas y también lejos de las buenas costumbres. ¿Cuánta desesperación habrá sentido en su alma? Pero, la verdad no desesperó por mucho tiempo, muy piadosamente puso a su hijo en manos de Dios. Muchos años duró la prueba de Santa Mónica, pero ella nunca dejó de poner su confianza en Dios, ni de tener la esperanza de ver a su hijo convertido… y así salvar su alma.

Fuente http://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_3051

   






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