"Unidos en Cristo para Evangelizar"

La Virgen María y el Adviento
 






Recordados amigos, ya estamos en la recta final del Mes de María. Coincide que comenzamos diciembre y este domingo es el primer domingo de Adviento. 

Los invito a meditar sobre la Santísima Virgen y su importantísimo rol en este tiempo que inicia el nuevo Año Litúrgico.

1.- El Antiguo Testamento nos habla de María.

Los libros sagrados del Antiguo Testamento iluminan la figura de la mujer nueva, la Madre del Redentor. Veamos  cómo es anunciada María a través de los tiempos:

* María es promesa de la victoria sobre el demonio dada a nuestros primeros padres caídos en pecado, en el Paraíso (Gn.3,15). 

* María es anunciada por el profeta Isaías como la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será Emanuel, “Dios-con-nosotros” (cf. Is.7,14).

* María sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que de Él esperan con confianza la salvación y liberación.

* Con María, excelsa Hija de Sión (Sof. 3,14), tras larga espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos y se inaugura la nueva economía de la gracia, cuando el Hijo de Dios asumió de ella la naturaleza humana, haciéndose hombre (Jn.1,1.14) y semejante a nosotros en todo igual menos en el pecado (Heb.2,17; 4,15), para librar al hombre del pecado mediante los misterios de su muerte y de su resurrección (cf. Gál. 4,4ss) (cf. LG 55). 

2.- Las figuras importantes del Adviento.

María se encuentra en el centro mismo del Adviento y ocupa un lugar privilegiado en él, junto con Isaías y Juan Bautista. Son las tres figuras del Adviento cristiano; ellos viven la auténtica espiritualidad y esperanza del Adviento. 

* Isaías anunció al Mesías ocho siglos antes: “Miren: la joven está embarazada y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emanuel” (Is.7,14). Ella mantiene y educa nuestra esperanza: nos ayuda a creer en la Promesa.

* Juan Bautista anunció ya próximo al Mesías: “Yo los bautizo con agua; pero viene uno con más autoridad que yo, y yo no soy digno para desatarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y Fuego” (Lc. 3,16); y lo señaló después en medio del pueblo: “Viendo pasar a Jesús, dice: “Ahí está el Cordero de Dios” (Jn.1,36). Es la voz que nos grita durante el Adviento: “Conviértanse, preparen el camino del Señor”.

* María concibe al Mesías por obra del Espíritu Santo y lo espera con inefable amor de Madre. Ella es así “la tienda de la nueva alianza”. María nos muestra en concreto en qué consiste la acogida de Dios: “Hágase en mí según tu Palabra”; “Feliz tú que has creído”. 

3.- María se encuentra en el corazón del Adviento.

* En María culmina la expectación del pueblo de Israel,

El “resto de Israel” (Isaías) que, liberado por Dios del exilio y de la esclavitud a la que estaba sometido, volvió gozoso y alegre a su tierra de la que fue arrancado por la fuerza: “al ir iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando trayendo las gavillas”. Este “resto de Israel”, alentado y sostenido por el Espíritu de Dios, guardó y transmitió la esperanza mesiánica a las futuras generaciones.

* María aceptó la voluntad de Dios,

“El Padre de las Misericordias quiso que precediera a la encarnación la aceptación de parte de la Madre predestinada, para que así como la mujer contribuyó a la muerte, así también contribuyera a la vida” (LG 56). María no se echó atrás, sino que dijo SÍ a Dios. La voluntad de María se dirige siempre a lo esencial: busca siempre a Dios y lo elige como principal interlocutor suyo. Cuando María entraba en su corazón, encontraba a Dios que la habita y la explica. Esta referencia habitual de María a Dios no es fácil en lo cotidiano de la vida, sino que requiere el despojo total de sí misma y una independencia perfecta ante el juicio de los demás siempre que esté en dirección a la gloria de Dios.

* María preparó con cariño y delicadeza el nacimiento de su hijo, 

María preparó y se preparó como nadie a la venida del Mesías, el Hijo de Dios que se hizo hombre en ella y de ella por obra y gracia del Espíritu Santo. Contaría los días, las horas...En contemplación y sobrecogida, María iría adivinando los rasgos, los ojos, el carácter de su Hijito... Jesús pertenencía a la entraña y esencia de Dios; sus raíces últimas no terminaban en lo creado en Él, sino en el mismo misterio inefable de Dios; pero Jesús, por su naturaleza humana, era también de condición oriental, semita, judía, mariana...

 Adviento: maravilloso tiempo que el Señor nos regala para mirar y preguntarnos: ¿Acepto los planes de Dios para mí?  


Con el cariño de siempre, les saluda su párroco,
Roberto Espejo Fuenzalida Pbro.






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