"Unidos en Cristo para Evangelizar"
21 de Noviembre de 2019
Miremos a la Virgen de Nazaret
 




Recordados amigos,

Estamos a mitad del Mes de María. Ojalá lo sigamos rezando con constancia y perseverancia.

Aquí les entrego unos pensamientos que encontré y trabajé para que nos ayuden a seguir rezando todos los días con entusiasmo y mucho amor a nuestra mamita del cielo:

El cristiano es aquel que ha encontrado el amor de su vida. Comprende que Dios mismo le invita a una íntima amistad con Él. Se da cuenta de que Dios es Amor, es el gran Amante, el primer Amante, que dijo al comenzar nuestra vida: “Yo quiero que seas; es bueno, muy bueno que existas... Qué maravilloso que tú estés en el mundo”. Por eso, San Juan Pablo II pudo exclamar: “¡El hombre es amado por Dios!” Éste es el simplicísimo y sorprendente anuncio al que estamos llamados a acoger y gritar a los cuatro vientos.


Entrar en la escuela de María

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿cómo podemos corresponder a ese gran amor divino? ¿Cómo podemos amar con un corazón puro, que no defrauda ni traiciona? Para aprender esto, es necesario acudir a las personas que lo han conseguido en su vida, y que ya están eternamente unidas a Cristo. Así, la mirada del creyente se dirige espontáneamente a la Virgen María, a la llena de gracia, la más bella de todas las criaturas. María es bella porque es amada; y tiene aquella hermosura que llamamos santidad. El esplendor de Dios se refleja en ella. San Juan Pablo II afirma que la historia del amor hermoso comienza precisamente con ella, con esta mujer simpática y sencilla que irradia bondad. A través de su fiat, María se ha convertido en Madre de Dios, y el Amor infinito se ha hecho visible en nuestro mundo. En el mismo acto, María se ha convertido también en Madre nuestra, ya que por la gracia somos hermanos de su Hijo divino. Ella nunca ha dicho no al amor y movida por la fuerza del Espíritu ha vivido su vida terrena en Dios y para Dios y, al mismo tiempo, ha tenido desde siempre un amor verdadero, profundo y real a cada uno de los seres humanos.

Como una buena Madre, la Virgen quiere enseñarnos el arte de amar. Si entramos en su escuela y nos dejamos guiar suavemente por ella, se ensanchará nuestro corazón y nos enamoraremos, cada vez más, de la vida, de los demás, de Jesús,  de Dios.


Encontrar el amor

Para Dios todos somos hijos únicos. Cada hombre es un agraciado, un bendecido,  un elegido entre millones. El amor divino, como todo amor, es puro regalo, que no podemos ni merecer ni exigir. Estamos hechos para recibirlo de lo alto, estamos llamados a acogerlo agradecidamente y colaborar en su desarrollo. También podemos rechazarlo, como lo hacen aquellos hombres ambiciosos, autosuficientes y cerrados que son rebeldes al amor y no se dejan querer. Aquí se ve que el amor es don y tarea a la vez (“amor con amor se paga”); y nunca sabremos dónde termina el don y dónde comienza la tarea. Del mismo modo, si remo a favor del viento, no puedo distinguir qué porción de la rapidez se debe a mis brazos y qué porcentaje al empuje del aire.

Lo que Dios quiere darnos aclara San Juan Pablo II, no son bienes que prometen una vida exitosa y satisfactoria. Él mismo quiere entrar en nuestro corazón, quiere limpiarnos y renovarnos desde el núcleo más íntimo de nuestro ser, comunicándonos su gracia, que es luz y vida, el comienzo del cielo en la tierra.

Si aceptamos el don con la fuerza de la fe, el encanto del amor llega directamente a nuestro alma. Entonces podemos experimentar la alegría de existir y de ser tratados como una excepción. El encuentro con el amor hace a una persona consciente de su propio valor, de su propia belleza, le hace crecer y florecer, de modo que le puede  al otro: “Te necesito para ser yo mismo”.

Cuando vemos a una persona que está enamorada, decimos, “es o está distinta”. Así podremos  comprender lo que puede acontecer a un cristiano: queda marcado por la bondad divina y, por eso, cambia su modo de juzgar y de obrar. El amor afecta todo su ser.

Sin embargo, este primer amor deslumbrante debe ser continuamente purificado y cultivado. Para lograr la pureza del corazón, no hacen falta muchas acciones exteriores que pueden incluso llegar a agobiarnos y obsesionarnos. Hay gente que se pasa la vida tratando de  cumplir con sus obligaciones y luchando tercamente por barrer cada día sus defectos, hasta que comprende que, si se encendiera dentro de su corazón el fuego de un gran amor, todo sería más fácil: el fuego carbonizaría los defectos con gran sencillez. La cuestión no es: ¿Qué puedo hacer por Dios?, sino ¿Cómo me dejo amar por Él? No tenemos que lograrlo todo por nosotros mismos; aceptemos que somos débiles. El hombre no agrada a Dios tanto por sus méritos y virtudes, sino ante todo por la confianza sin límites que pone en Él.
 

De la mano de la Virgen descubrimos las lecciones del amor hermoso.  Aprendemos que los acontecimientos que vivimos constituyen el lugar de encuentro con Dios en cada momento. A veces huimos de estos encuentros, no queremos comprometernos, estamos cansados. Precisamente en esos momentos, María está a nuestro lado: conoce nuestra necesidad, alienta nuestras ilusiones nobles, comprende nuestras flaquezas y escucha nuestras palabras. La Virgen nos ama incondicionalmente tal y como somos, y nos estimula a ser mejores ya que lo podemos ser.

En la escuela de María aprendemos a amar al primer Amante. Aprendemos a ser para Dios lo que Él siempre ha sido para nosotros: un amigo que busca nuestro bien. La historia del amor hermoso puede considerarse, por tanto, como la historia de nuestra salvación.

Miremos a la Virgen de Nazaret, la Madre del amor hermoso, que acompaña a los hombres de todos los tiempos... hacia la casa del Padre.

Les deseo a todos abundantes bendiciones del Señor y que la Paz reine en todos y cada uno de nosotros. Pidamos por la Paz en nuestro Chile, que cese la violencia y  reine la Justicia y el Amor.

¡Virgen del Carmen, Reina de Chile, salva a tu pueblo que clama a ti!

Les saluda muy cordialmente, en la caridad de Cristo Misionero, su párroco, Roberto Espejo Fuenzalida,  Pbro.


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